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Los monstruos llevan a Del Toro al éxito

El director prometió que dedicaría su vida a los monstruos si dejaban de acosarlo en pesadillas

Los monstruos cumplieron su parte del trato y fue así que en esos primeros años de vida, Guillermo Del Toro mexicano construyó ese mundo de seres fantásticos que hoy llegan al cine.

Ayer ganó el Óscar a mejor dirección por “La forma del agua”, una historia de amor en plena Guerra Fría.

Y han pasado 25 años desde que comenzó a hacer cine

“Desde la infancia he sido fiel a los monstruos, me han salvado. Porque los monstruos, creo, son los santos patronos de nuestra dichosa imperfección. Y permiten y encarnan la posibilidad de fallar y vivir”, dijo al recibir el Globo de Oro en enero.

Del Toro nació en 1964 en un hogar católico plagado de imágenes religiosas.

Su madre, una poetisa aficionada que leía el tarot; su padre, un hombre de negocios que se ganó la lotería y montó un imperio de concesionarios de autos.

Y dice, con mucha precisión, que construyó lo que es hoy en sus primeros 11 años de vida.

Las criaturas, los vampiros, los superhéroes, todo viene de la mente de un niño que amaba merodear por las cloacas de su natal Guadalajara y disolver babosas con sal y que a los cinco años pidió de navidad una planta mandrágora para hacer magia negra.

En su habitación había extraterrestres y monstruos que brillaban en la oscuridad

Anne Marie Meier, crítica de cine en Guadalajara, lo conoció con 16 años, cuando coleccionaba insectos y lanzó una competencia en su escuela para atrapar a la cucaracha más grande.

Del Toro rodó en su escuela su primer corto a los 17 años, “Pesadilla”, sobre un monstruo gelatinoso que escapaba del retrete.

“No había cámaras de cine, con una súper-8 decidimos hacer una película para un festival cultural. Fueron nuestros pininos”, recordó Mariano Aparicio, codirector de esta producción aficionada y hoy amigo de “El gordo”.

Su primer largometraje fue “Cronos” (1993), que cuenta una historia de un atípico vampiro anciano que no quiere la vida eterna y su nieta que lo oculta en un baúl.

Fue el único largometraje a que dirigió en México.

El secuestro de su padre lo obligó a salir del país en 1998. James Cameron le ayudo a reunir un millón de dólares en efectivo, que Del Toro entregó personalmente a los secuestradores. La familia se mudó entonces a Estados Unidos.

Dos años “traumáticos” después inició “la etapa española”, en la que el tema de la Guerra Civil fue una constante.

“El laberinto del fauno” y “El espinazo del diablo” -sombrías, explorando temas como la pérdida y la nostalgia- se filmaron allí con total libertad creativa.

Su primera experiencia en Hollywood fue “Mimic” (1997), en la que, según ha contado, vivió un infierno enfrentando las intromisiones y presiones de los productores.

Faltaba un elemento muy de Guillermo que es el humor

Consagrado desde hace años, Del Toro forma parte del prestigioso grupo “Los tres amigos”, junto a los también encumbrados directores mexicanos Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón.

Para Meire, él “es el más mexicano en su obra”, mientras que García-Tsao destacó que “es el único que ha construido un mundo muy reconocible”… el de los monstruos. Al final hay una promesa que cumplir.

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